El texto de Taussig permite enmarcarse en la reflexión suscitada por los Estudios de conciencia jurídica, en donde el derecho, mas allá de ser la fuente suprema de lo jurídico es visto como un componente de la realidad, producto de relaciones de poder que tiene injerencia directa en la realidad. Lo importante de este enfoque radica en su interés por comprender de qué manera la ley es entendida en la vida cotidiana. Esta perspectiva, evidentemente cultural, no se interesa por el centralismo jurídico, ya que no ve en el derecho un instrumento hegemónico de producción de sentido liderado por una clase determinada. Lo importante es analizar el significado de lo jurídico y su incidencia en la acción social, es decir, en las prácticas sociales.
Desde los estudios de conciencia jurídica lo normativo y las concepciones del mismo se manifiestan mediante el lenguaje, pues desde allí se ejerce y se reproduce el sometimiento y la dominación. Siguiendo con esta línea Taussig va a definir el terror como un mecanismo de dominación , y como parte integral del lenguaje de la modernidad que presupone una reacción, o cuando se encuentra plasmado en la memoria se refiere a una anticipación, por lo cuál se inserta en la experiencia del shock" de la modernidad. Retornando el concepto de distancia y de otredad el terror se puede concebir como un estado de excepción que alerta la histeria individual y colectiva, o en los lugares otros" donde la excepción se convierte la regla, el terror se convierte en costumbre y se "normaliza" el estado de emergencia.
No obstante, Taussig levanta la sospecha de que el orden distanciado de estos estados de emergencia perpetuos esconde un salvajismo propio y se crea la ilusión del encaje perfecto de los elementos sociales, de tal forma que el salvajismo evidente de los lugares "otros" hacen que a luz de la modernidad brille con más Intensidad. Esta sospecha lleva a la observación de la otredad interna de la historia dé los olvidados en los países ricos. Estos se ocultan y se absorben para mantenerlos dentro de la linealidad histórica. El terror se vuelve un referente común cuando la violencia se incorpora y se oculta para mantener la ilusión de una cotidianidad imperturbable. La tesis de Benjamín se realiza al quedar plasmada la característica insostenible de la narratividad lineal de la historia del progreso cuando se retorna la historia de los oprimidos, creando el estado de emergencia como regla no solo en la otredad sino como constitutiva de nuestra experiencia histórica. El terror se expresa tanto en el miedo al orden opresivo, como enel miedo a la subversión del orden cotidiano.
El terror como lo cotidiano se justifica como medio para salvaguardar la civilización. Tal y como cita Taussig de Benjamín: "No existe un documento de civilización que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie". Sí la dicotomía entre civilización y barbarie es lo suficientemente clara, esto fortalecería la conclusión de que el terror funciona en términos de agenda dentro del orden. Sin embargo, el terror como herramienta de orden aparece en situaciones de violencia en los que existe la cualidad de lo siniestro, es decir el uso estratégico de la incertidumbre y el misterio del terror.
Michael Taussig como autor que se caracteriza como posmoderno, por aplicar la teoría crítica a la observación directa presenta su análisis sobre el estado de emergencia en Colombia. En nuestro contexto, como expresa Taussig las fuerzas del poder gubernamental y las Fuerzas Armadas operan bajo el discurso perpetuo del orden público solo posible en el desorden normalizado. En este ambiente existe una liminalidad entre la claridad del discurso y la oscuridad del accionar real de las fuerzas de orden social, lo que llama Taussig "óptica del sistema nervioso", en que constantemente se transmite la idea de normalidad en un estado de emergencia y en el que el terror se convierte en una referencia de lo distante.
Es en este tejido donde el terror aparece como una evidencia empírica pero los actores son cubiertos con un velo difuso, como "fuerzas organizadas en contra del orden público". Un otro evidente pero sin nombre propio. Mientras tanto las fuerzas del orden utilizan el terror, no solo la violencia directa sino la simbólica y las configuraciones espaciales particulares, creando solidez de orden pero inseguridad para la subversión justificada o no. Aparece la figura del desaparecido en que el terror brota de la conexión con la finitud de la muerte y con la pesadilla de la espera por quién ha desaparecido. Esta pesadilla se perpetúa en la memoria privada donde las fuerzas de terror (de orden o subversión) esperan que se silencie "la guerra sucia". Así, la paranoia creada por fuerzas inciertas se convierte en teoría y práctica social, una sociología de la desconfianza tan evidente en el estado de emergencia cotidiano de Colombia.
Pero la violencia solo es justificable sino se crea culpabilidad por utilizarla para infundir terror. De tal forma que el silenciamiento es necesario para la perpetuación de la "guerra sucia". Pero el silenciamiento no se traduce como creación del silencio sino que se relaciona con las esferas en que la memoria guarda al terror. Mientras que el terror exista en la memoria privada de quienes lo viven como una pesadilla, el estado de orden se mantiene. Cuando la memoria del terror entra en esfera pública rompe con el discurso de orden y crea la indignación generalizada. Es por eso que el recuerdo de los nombres de las victimas de la violencia nos remite al lenguaje literal, a la identificación tanto religiosa y secular. El nombre se vuelve esencial para la vida o la muerte, el nombre como identificador de una víctima, o el nombre como amenaza a la palabra oficial.
La palabra oficial, como aquel discurso que emana de las fuerzas del orden, se vuelve contradictoria al no reflejar la realidad, y el "realismo mágico" se convierte en una forma real de vivir en sociedad. En este "realismo mágico" presente en el estado de emergencia constante toda posibilidad se vuelve un hecho: informadores, escuadrones de la muerte, "colombianos de bien", Fuerzas armadas, sicarios, comunistas, todos en el mismo paquete.
Así bien, la comprensión de la teoría de Walter Benjamín por parte de Taussig sobre el terror, no se refiere a una disposición .psicológica, sino a una consecuencia histórica y cultural particular. De tal forma que dicha teoría responde a una filosofía respectiva sobre la lectura histórica, una manera crítica de interpretar la historia y en cierto sentido apropiar la memoria. A la luz de esto, teniendo en cuenta que la teoría de Benjamín a la que alude Taussig nace en el contexto del fascismo de la década de los treinta, y que aunque no se puede negar que existen paralelos en contextos de violencia, ¿Podemos identificar formas, más allá de la histeria o la costumbre del terror, otros referentes de experiencia para hablar sobre las relaciones en nuestro propio ambiente de contingencias? En otras palabras ¿Qué otras figuras de otredad y distanciamiento existen en Colombia, que no sea el terror? ¿ qué otras maneras existen para tramitar la otredad, los conflictos y su resolución, sin que ello implique el terror o la limpieza?
Taussig, Michael (1905). "El terror como lugar común: la teoría de Walter Benjamín de la historia como estado de sitio". En: Un gigante en convulsiones El mundo humano
como sistema nervioso en emergencia permanente. Editorial Gedisa.
Patricia Gonzalez
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