Por: Mateo Echeverry
El cuento de Kafka, “Ante la ley”, puede ser ampliamente analizado bajo los conceptos que Bourdieu propone en el capitulo “Elementos para una sociología del campo jurídico”. Primero que todo, el guardián y su acceso a la Ley nos recuerda inmediatamente la idea de Bourdieu de cómo la creación de un “espacio jurídico” lleva a la creación de una frontera entre los incluidos y los excluidos. El guardián tenía la capacidad de seguir, mientras el campesino se detenía inmediatamente en su avance cuando oía los relatos del guardia sobre lo poderosos que resultaban los otros guardias. Este es otro punto. Era tanto el poder simbólico que el guardia tenía sobre el campesino, que no tenía que recurrir a la violencia física, con la simbólica bastaba. La eficacia simbólica del guardia era tal que logró que el campesino muriera en el umbral, y como señala Bourdieu la eficacia simbólica sobre funciona sobre la complicidad de los que la padecen.
El guardia puede ser visto bajo esa categoría que Bourdieu denomina mediación. La mediación se refiere a esa “pérdida de apropiación directa”. El guardián es la personificación de esa neutralización, propia del campo jurídico, en donde el ascetismo debe imperar. El lenguaje jurídico, con sus giros característicos crea esa ilusión de “tercera persona”, totalmente objetiva. Es por ello que en el cuento de Kafka el guardián, mientras se enriquecía a expensas del campesino, aceptaba el dinero con el pretexto de no querer impedir que el “campesino omitiera ningún esfuerzo”.
Ya entendemos bajo la mirada de Bourdieu, y reforzada en la narración de Kafka, los mecanismos de dominación y de exclusión que el derecho perpetúa. Las falsa neutralidad que el derecho promulga por la utilización de un lenguaje especializado que sitúa al jurista siempre en “tercera persona”. Ahora tratemos de pensar esto en Colombia. En una columna de José Obdulio Gaviria en el diario El Tiempo, del día jueves 12 de marzo del 2008, el alegato es el mismo:
“Antes, los magistrados sólo se pronunciaban en providencias. Llenaban, también, sí, decenas de cuartillas en revistas especializadas de las universidades, de las academias, o dictaban conferencias con las que solían enriquecer el debate jurídico.
La vida de los magistrados, en fin, era ajena al boato. Su tiempo libre pasaba por la literatura, la filosofía, la música, la tertulia y por los fines de semana en familia. Sus providencias eran piezas llenas de erudición, buen juicio, conciencia ética, sentido común (...).
A ciertos (pocos, pero poderosos) magistrados de la Corte Suprema se les ve hoy en las revistas y periódicos, sí, pero no en plan académico sino político o, peor, farandulero. Desde allí hablan, un día sí y el otro también, sobre complots imaginarios y se autorretratan como heroicos luchadores en trance de ingresar al martirologio republicano.
(…)
Algunos magistrados de hoy suelen hacer suntuosos vuelos chárter, rumbear en clubes, inaugurar 'enotecas'. ¡Ah, y les encanta la política! ¡Bueno, nada de raro tiene eso! Al fin y al cabo, tan titulares son ellos del poder del Estado como lo son los ministros y los congresistas. Pero -y en esto sigo al pie de la letra las enseñanzas de Rubio Llorente- no recuerdan que en temas estatales no pueden tomar iniciativas sino sólo dar respuestas. No pueden hacer valer sus preferencias, por más convencidos que estén de su razón.
A diferencia de ministros y congresistas, los magistrados ni siquiera pueden defenderse de acusaciones injustas ni entrar en polémicas. Su sola protección es el delito de desacato o las mismas acciones contra la injuria y la calumnia que tienen todos los ciudadanos.
No es entendible, entonces, que algunos magistrados anden en plan de constantes ruedas de prensa y lean comunicados y salgan a mirar a la gente, amedrentadores, desde la carátula de una revista, o lancen rayos flamígeros sobre quienes se atrevan a revirarles. ¿Se sienten 'Los Supremos', como aquellos generales, algo atrabiliarios, que se insurreccionaron contra el Gobierno democrático y constitucional en 1840 y terminaron siendo el embrión de uno de los partidos históricos de Colombia?
¡Eso!, algunos (pocos, pero muy notorios) magistrados, a veces, creen estar en un partido político y no en la Corte: en el Partido Judicial Nacional o, también, el de Los Supremos. Su plataforma política es simple: aplicar la estrategia de la crispación, que consiste, según Maravall, su enunciador, en tratar de echar a los gobiernos con operaciones de agresión a fondo, sin límites, disponiendo de ingentes medios económicos, judiciales y de comunicaciones. Recuerden cuando lean, oigan o vean ciertas cosas: ¡la estrategia de la crispación!” (Gaviria, EL Tiempo. 12 de Marzo de 2009)
Añadamos a eso una cita de Bourdie
“En el caso de los magistrados pareciera cuanto menos casi que un imperativo de su función y se encontraría en lo más profundo de las costumbres jurídicas. Las disposiciones que incorporan la ejecución del deber de abstención, a la vez ascéticas y aristocraticas, son constantes invocadas y reforzadas por el grupo de pares, siempre raudo a condenar y a censurar a aquellos que se comprometen demasiado abiertamente en los asuntos de dinero o de cuestiones politicas ” Bourdieu (184)
Ya que Gaviria apela a la desnaturalización del accionar de la Rama Judicial con un claro interés político, como es deslegitimar el accionar de las altas cortes en lo relativo a un tema como la parapolítica; como podemos apelar a argumentos que naturalizan el accionar de la justicia.
¿Cómo se podría contestar a los argumentos que plantea Gaviria y respaldar el accionar de la Rama Judicial en Colombia?